
Corre Mayo, Paris, 1968.
Una camara sinuosa desviste a la tour eiffel al ritmo de ‘third stone from the sun’ de Hendrix. Se acerca silenciosa a la revolución poético marxista que empezaba a revolver desde el interior de la intelectualidad a los próceres y élites de la década del 60 en Francia. El segundo paso es aún mas sexy.
Desde la turba se sale de su foco el humo proveniente de la boquilla sensual de un cigarrillo bien fumado, que de la mano trae a una parisina encadenada a la entrada de un cine que ha sido clausurado. Su boina roja, abrigo verde, ojos azules y actitud desafiante entorpecen el paso a la policía. Desde adentro se oyen los gritos ‘alais la france’. Sin titubear al griterío, Isabelle termina su cigarro.
La historia cuenta de dos hermanos originalmente siameses. Pegados por un hombro, separados al nacer. Un amor filial muy extraño que busca su razón de ser en el reflejo de Matthew. Theo (Louise Garrelle) e Isabelle (Eva Greene), gemelos, son hijos de dos acaudalados intelectuales parisinos, quienes en esa tarde de cine conocen a Matthew, (Michael Pitt) un joven norteamericano quien viene a Paris a alejarse del revoloteo mediático de Vietnam.
De aquí en adelante el diálogo y argumento retrata a tres hijos de la peña mas dura de cinéfilos. Cada imagen y cada corte de la película se recuerdan pequeños pasajes de clásicos del cine. Frases de detalles célebres de peliculas de la belle epoque inundan de rememoranzas las interminables sesiones de debates político-musicales. Clásicas son las discusiones de Whos the best guitar singer, Hendrix or Eric Clapton?, fumando porros de marihuana en una tina compartida entre tres, al son de ‘hey Joe – Jimmi Hendrix’ , donde la sexualidad y el mejor erotismo comprueban, que aún la perfecta armonía sexual que la pornografía ha intentado descomponer en nuestros tiempos, sigue sin embargo, intachable.
“La calle entra por la ventana”, dice Isabelle, hagamos que la revolución sea de libros y no de armas. Dos guantes inconclusos que tapan hasta los codos a la ciega justicia. La humillación de intentar el suicidio aún cuando el mundo sepa que realmente pasaba en la tienda de campaña instalada en un living sin padres, donde la confusión amorosa entre hermanos y un extraño, motiva cosas impensadas. Las alegorías de quien bate el record del mundo en cruzar corriendo el lúgubre museo de Louvre, discusiones que separan al maoísmo prominente presente en los cineastas de la decada del 70, donde su director, Bernardo Bertolucci, ridiculiza y se pone en la ballesta en una de las creaciones cinefilo-intelectuales, a mi juicio, mas originales de su filmografía.
Sin duda, como diría el ególatra Fuget, una de las películas de mi vida.
“Tenemos que sentarnos en las primeras filas del cine, así, nos llegan las imágenes primero que a los de atrás.”
Les dejo el soundtrack.
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Es de esas películas llenas de detalles que no se perciben a primera vista y que para hacerlo hay que repetirse el plato más de una vez, lo que de verdad vale la pena considerando la excelente selección de temas, el contenido “cinéfilo” de la cinta (que entretiene y enseña y la presencia de una de -sino la más- guapa e interesante de las actrices contemopráneas para mi gusto.
Es de las mejores peliculas que he tenido la suerte de ver.
Eva Greene, pura sensualidad acá.
Tremenda película. Interesante como te ponen al frente la situación del departamento, que de por si ya es compleja, con el trasfondo cultural que se lleva a cabo a las afueras de este.
…..Eva Greene…..uff!