ABC1: ¿Una buena radiografía de los jovenes cuicos chilenos?

Pasan los años y los elementos que cada uno tenía incorporados en la cabeza como ideas preestablecidas empiezan a girar en la cabeza pidiendo a gritos que les des una oportunidad para poder demostrarte que hay muchas cosas que realmente no son como uno siempre creyó y que lo más probable es que haya una postura frente a la vida cotidiana que va cambiando a medida que las primaveras pasan gracias a un desarrollo de la mente producido por las miles de situaciones y experiencias que te ha tocado vivir. Hay algunos que se pasan la vida cuestionandose todo y que porque las cosas son así o asá, y hay otros que prefieren hacer la vista gorda sin mirar mucho para el lado y sin preguntarse demasiado el porque de todo lo que nos rodea.
En nuestra sociedad por lo general, y sin el animo de entrar en un cuestionamiento de “clases”, los “cuicos” siempre han sido catalogados por el resto y en mayor medida por lo que son “cuicos” pero lo reniegan, como aquellos personajes que viven la vida loca, creyendo todo lo que les dijeron sus papitos, sin cuestionarse demasiado las cosas y tratando de beneficiarse personalmente lo más posible olvidandose del de al lado. Puede que sea cierto o puede que se un mero sentimiento de “envidia” si es que se puede llamar así…. nunca lo sabremos. Lo que si sabemos es que este un tema que preocupa a los “cuicos” y alimenta el morbo de la población en general. Estos temas son los que el director Javier Riveros intenta retratar en “ABC1, obra escrita por Begoña Ugalde y Pablo Paredes.
Esta obra narra la historia de un grupo de jovenes del barrio alto de Santiago que se juntan a despedir a Benito, un joven acomodado que ha decidido partir a Francia debido a un supuesto aburrimiento y a los constantes cuestionamientos hacia él mismo y hacia su futuro como actor, todas interrogantes alimentadas en buena parte por Antonia, su polola y pilar durante toda la obra de la contradicción entre su raiz social y la situación que percibe al enfrentarse a una realidad social muy distinta a la de ella en el lugar donde también estudia para algún día desempeñarse como actriz. Ambos van dandole forma a este sentimiento de disidencia hacia lo existente y hacia lo que han vivido en sus años pasados, años donde conocieron a Cristián, dueño del flamante departamento donde se produce la obra y ferviente promotor del Mapocho navegable, y Catalina, dupla que representa la perpetuidad de un sistema de priviliegios y conservadurismos, especialmente ella, quién se ve cuestionada a lo largo de toda la producción acerca de su virginidad y experiencias sexuales.
Tabues, ideas preconcebidas, rabías y emociones de cada uno de los cuatro participantes se entrelazan y se desarrollan en el fervor de la conversación, el carrete y los vasos de whiskey, piscola y cerveza que no cesan durante toda la obra. “Van diseñando un mapa social chileno de clase alta en donde abundan las miradas entristecidas por una arrogancia, con la que se hace, una vez llegada la crisis y el enfrentamiento con lo más verídico de nuestro sentimientos, muy dificil convivir”. En definitiva una obra entretenida, liviana y en pasajes muy divertida, especialmente gracias a la actuación bajo los efectos del alcohol muy bien fingida de Constanza Alemparte y compañía, quienes nos entregan su visión acerca de una realidad que ha ido floreciendo con fuerza en el último tiempo. ¿Una buena radiografía de los jovenes cuicos chilenos?…. vayan a verla y lo conversamos.
ABC1 la están dando hasta el 27 de Septiembre (excepto 17, 18, 19, 20 de Septiembre) los Jueves, Viernes y Sábado a las 21:00 horas y los Domingos a las 20:00 horas. La están dando en el Teatro Sidarte en Ernesto Pinto Lagarrigue 131, Recoleta. La entrada general es de $4.000 y $2.000 para estudiantes. Aprovechen que ya le queda poco.
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Suena interesante el planteamiento de la obra y me gustaría verla, sin embargo, no es la primera vez que se intenta tratar la realidad de los “cuicos” (tv, cine, teatro, etc) y en general -al menos eso me ha paecido a mi- es muy fácil caer en exageraciones y en “cliches” que la mayoría de las veces quitan credibilidad. De todas maneras creo que vale la pena.
yo pense lo mismo antes de entrar a verla. obvio que es un tema que a veces se presta para exageraciones, pero en esta obra la verdad que se trata de un modo mas divertido que tan critico. yo me cague de la risa la hora completa.
vale la pena ir a verla.