Escuchar a Sierra y a Bianca Casady es caer hipnotizado en una bucólica recreación de una canción de cuna. ¿Quien no conoce todavía al enigmático dúo CocoRosie? Estas chicas han revolucionado el siempre sorprendente Acid Folk dándole notas de color y personalidad con su particular performance. Nunca olvidaré la primera vez que las vi: Fue en Gante, Bélgica, para mi la auténtica ciudad de las brujas, con mucho más encanto y actividad que la Brujas original. Caminando por uno de los parques alucinantes que empañan la ciudad, allí estaban ellas, dentro de un kiosco, presididas por su inconfundible arpa, tocando la canción de “Animals”, sin duda mi tema favorito. Lo que más me llamó la atención fue aquellos ruiditos que convierten su música en algo especial, esos ruiditos que Coco (Bianca) hace con juguetes de niño pequeño y que se convierten en el fantasma de las actuaciones. La estética acompaña, y tanto, este dúo freak-folk, con una mezcla de hada-cherokee, resulta cuanto menos atractivo. En sus performances, siempre sorprendentes, podemos ver su característica arpa, un piano o una guitarra en manos de Rosie (Sierra), o la casi tangible voz de Coco, que en ocasiones se asemeja a una especie de híbrido entre niño-animal-máquina.
Hay que hablar un poco de la historia de estas dos hermanas para comprender su música y su magia. Al parecer era su madre quien las empezó llamando Coco y Rosie, una mujer hippie que las traía de aquí para allá por todos los Estados Unidos mientras su padre, un chamán y peyotista, las cuidaba durante el verano llevándolas de reservación en reservación. Son producto de la “New Weird América”, que aglutina la nueva generación americana del renacimiento del folk. Rosie se marchó a París a estudiar canto operístico y, años más tarde, en 2003, vuelven a reunirse para formar una banda.
Pues este lunes vinieron a Madrid, al teatro CircoPrice y volvió a ser un cuento visitarles y escuchar sus nuevos temas. Por que han sacado nuevo disco, el cuarto, y no por ello decepcionante. “Grey Oceans” hace un recorrido por varios géneros, que incluso saltan de uno a otro en las mismas canciones. Su voz, arpa y ruiditos infantiles siguen estando presentes, pero creo que han evolucionado hacia la diversidad sin dejar de perder su seña y su magia. En el escenario seguimos viendo a dos hadas-duende con sus bigotes dibujados en sintonía con la dulzura que emanan. Uno de los temas que más me gustó fue “Hopscotch”, donde su Beatbox se suma a la música para animar al público, un tema que comienza con una entrada a lo Charlestón y termina convirtiéndose en un delicado Drum&Bass, ¿cómo? Pues ellas lo hacen. En “Smookey Taboo” podemos apreciar una sintonía oriental y una voz que llega a lo operístico. “The Moon Asked The Crown” podría digerirse como una canción de piano que de pronto se convierte en Hip Hop, todo esto, mezclado con la fantasmagórica voz de Coco. El último tema que cierra el álbum “Here I Come” serpentea entre interesantes devaneos New Wave.
Lo más sorprendente de todo esto es ver sus canciones en la tele, y no en un Live de las hermanas, sino en un spot de un perfume. Que la música de estas dos hippies raras haya conquistado a Kenzo y a Escada para sus anuncios. ¡Y el resultado es precioso! Que conceptos tan lejanos y distintos se asocien con una meta comercial. Pero hablando de su nueva creación, el nuevo álbum “Grey Oceans”, aunque se trata de una obra grandilocuente, en cuanto a variedad y desde el punto de vista experimental, lo cierto es que, en comparación con sus otras obras, resulta menos exhibicionista. Se preocupan más en demostrar su capacidad de cantar en cualquier registro y estilo que en hacer temas que transmitan de verdad, que emocionen. Sus ansias de originalidad les han hecho perder calidad. Aún así, escuchar “R.I.P Burn Face” no dejará de transportarte a algún lugar distinto del que estés.