Recuerdo hace algunos meses haber escrito un articulo acerca de la visita de Green Day a nuestro país, de sus raices, de sus discos y principalmente acerca de como una gran banda de punk rock de fines de los 80 y principios de los 90 se había vendido vulgarmente al sistema, sacando discos que albergaban esa ideología anti Estados Unidos que ya está tan trillada que no da para más, sacando juegos de Play Station y una infinidad de cosas más que la llevaban a convertirse en una de las tantas agrupaciones que a mi juicio, y creo que para sus fan old school, tenían un pasado glorioso y un presente para el olvido.
Y fue precisamente por esta razón que ni siquiera me había interesado, y de hecho me había rehusado en ciertas ocasiones, a asistir al concierto que dieron el Domingo pasado en el Estadio Bicentenario de La Florida. Sin embargo, creo que la suerte estuvo de mi lado esta vez y gracias a una reconocida pagina de descuentos me hice de dos entradas con 50% de descuento, así que claramente ya no habían excusas para intentar revivir aquel inolvidable concierto de 1998 en el Caupolicán. De este modo, y después de haber tenido alguno que otro problema para conseguir las entradas, partí sin mucha expectativa rumbo al estadio para ver a mis ex idolos de infancia.
La cosa partió muy puntual, con un estadio precioso colmado sin un minuto de retraso y con una selección de temas que hacían gala de la nueva moda Green Day: puro cabros chicos gritando, pokemones por aquí y por allá, y una serie de canciones que no había escuchado ni en pelea de perros. Canciones ultra pop que a cada minuto me acordaban y me ratificaban mi reticencia inicial al tan esperado concierto para las nuevas generaciones que veía delante mio. Sin embargo, el tapabocas estaba pronto a llegar.
Después de haber escuchado impabido cerca de cinco o seis temas y de haber visto a Billie Joe Armstrong como loco corriendo de un lado a otro animando al público me logré percatar que el concierto estaba a punto de cambiar: cayó el telón con la tipografía antigua de Green Day y el mismo Billie Joe pregunto que adonde estaban los fans viejos de la banda. De ahí en más la fiesta se desató y el recorrido por sus nueve discos de estudio fue hecho con un detalle minucioso: temas del 1.039, una serie de canciones de Kerplunk (incluyendo la que para él es su canción preferida), del Dookie, Insomniac y Nimrod, y el glorioso paso por Basket Case y When I Come Around, himnos que se encargaron de unir y de juntar cualquier diferencia generacional existente esa noche.
La verdad es que quiero aprovechar este espacio para sacarme el sombrero para felicitar y aplaudir una de las actuaciones más sobresalientes que un fánatico de corazón puede presenciar: 35 temas y más de 3 horas de concierto…..sencillamente notable. Realmente me sentí nuevamente en 1998.
Les dejo el video de Longview, en el cual Billie Joe invitó a un cabro del público y a una fanática a cantar y a tocar la guitarra respectivamente.
Larga vida para Green Day
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