Siempre me han gustado las novelas que involucran temas legales, litígios complicados, persecuciones, falsas identidades, etc., además de un sin fin de elementos ligados a las leyes y a la abogacia especialemente estadounidense. Es justamente ahí donde los pleitos librados en aquellas salas atiborradas de gente con el típico jurado que lo unico que quiere hacer es deshacerse rapido del caso e irse a su casa, pero que dado el revuelo del asunto se empieza a implicar más y más; ataques y defensas que no paran y el clásico juez viejísimo que siempre tiene la última palabra, han dado vida a innumerables peliculas y libros.
Este es el caso de uno de los libros del autor y abogado norteamericano John Grisham, hombre de leyes que incluso fue elegido para la Cámara de Representantes en 1983, pero que decidió colgar los botines para dedicarse de forma exclusiva a la escritura de thrillers que guardan relación con un drama legal que mantiene alerta al lector desde la primera página hasta la última, cuando uno por fin culmina por devorarse una intrincada historia de persecuciones, secuestros, torturas, juicios y traiciones que van y vienen sin descanso. Bueno, no en vano fue el escritor más vendido del mundo en la década de los noventa.
En el caso particular de El Socio, a lo largo de la historia se van develando detalles página tras página los cuales van ayudando a armar un puzzle que solo se completa cuando el libro termina, ya que mientras vas leyendo en ningún momento tienes claridad de lo que finalmente va a pasar: si el protagonista es tan bueno o tan malo como pensaste en algún pasaje o si el protagonista es realmente el protagonista que tu crees, etc.
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Libros acerca del Holocausto hay por montones y desde todos los puntos de vista posibles. Si uno lee un libro escrito por un alemán cercano al regimen de todas maneras nos vamos a quedar con un visión sesgada de lo que realmente paso entre 1939 y 1945, por el contrario, si el libro es escrito por un judío sobreviviente de los campos de concentración vamos a quedar horrorizados por los crimenes que se cometieron. Es por lo mismo que en este tipo de temas es basico conocer las dos caras de la moneda para luego hacerse de una idea clara y asi poder opinar con claridad.
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Pólemico debe ser el adjetivo con el que mejor puede ser relacionado este escritor estadounidense nacido en New Hampshire por alla por el año 1964. Novelas de la talla de El Código Da Vinci o Ángeles y Demonios han logrado, gracias al revuelo que han causado tanto en sus fánaticos como en sus detractores, marcar un antes y un después en este reñido mundo de los bestsellers, donde el generar pólemica y discusión es un elemento indispensable para lograr los niveles de ventas que ha alcanzado Dan Brown. Ventas que han sido increiblemente altas gracias al continuo y directo ataque sin escrupulos hacia ciertas facciones de la iglesia cátolica. Poniendo en duda ciertos principios fundamentales para cualquier cátolico, revelando supuestas verdades de una que otra institución y poniendo en tela de juicio ciertos elementos bajo el amparo de teorías de complots y conspiraciones que de buenas a primeras te hacen pensarte las cosas dos veces, Brown se abre paso en un mundo muy complejo donde el poder no tiene límites y donde cualquier tipo de crítica que no sea constructiva no es tomada de la mejor manera.
Su carrera como novelista no comenzo si no hasta 1996 cuando decidió hacerse a un lado con sus clases de ingles para dedicarse de lleno a la escritura. Su primer encuentro con las letras no logró convertirse en un éxito de ventas, pero uno vez que se le termina de leer ya podemos ver la mano de Brown tras esas páginas. La Fortaleza Digital es una novela entretenidísima, llena de codigos y encripciones digitales, supercomputadoras, muerte y el clásico toque amoroso de Brown entre el profe macanudo y la chica que lo termina ayudando para lograr salvar al mundo.
La ciencia y el ingenio de un profesor y su compañera de aventuras se conjugan a la perfección para dar vida a un estilo de escritura que te agarra y no te suelta hasta que te has devorado el libro por completo. Esta mezcla se volvió a presentar en su segunda novela que a la postre se convertiría en uno de los bestsellers más exitosos de todos los tiempos. Ángeles y Demonios entrelaza los elementos anteriores de forma magistral, pero además le agrega el condimento religioso que tanta discusión genera, pero que a la vez acarrea ventas inimaginables. Esta vez los ojos se ponen sobre el Vaticano, su destrucción y la de Roma durante el conclave para elegir al reemplazante de un Papa que “muere” en extrañas circunstancias. La eterna rivalidad entre religión y ciencia queda plasmada por la sed de venganza de los Illuminati, la desesperación de las máximas autoridades cátolicas y el impresionante papel del heroe, personaje principal y amigo personal de Dan Brown: Robert Langdon. Este hombre que ya para todo el mundo ha quedado personificado y estigmatizado por Tom Hanks puede resolver acertijos, códigos, salvar vidas, salvar la de él mismo y la de su compañera, logrando convertirse en una especie de super heroe poco convencional.
En la tercera entrega llamada La Conspiración, Brown no incluyó a Langdon, ya que la novela se desvió más por el tema político que por el cientifico lleno de encrucijadas y problemas a ser resueltos. Sin embargo, para El Codigo Da Vinci, su cuarta novela y la más exitosa hasta el momento tuvo que recurrir nuevamente a los servicios del profesor de Iconografía Religiosa de la Universidad de Harvard para resolver un sin fin de acertijos y puzzles encriptados que sin quererlo lo estarían llevando hacia la ubicación del Santo Grial y sus poderes misteriosos, intentos que tratarán de ser truncados por un loco contratado por el Opus Dei. En definitiva una obra única, con puntos de vista a favor y en contra dependiendo de que lado del río sea mirado, pero con la capacidad de no dejar a nadie impávido frente a las hojas que pasan delante de nuestros ojos.
Puede ser considerado como un historiador, un marquetero, un vendedor de pomada o simplemente como alguien a quien le gusta generar controversia y verse en el hojo del huracán de vez en cuando, pero sin lugar a dudas Dan Brown es un escritor que merece respeto por lo que ha logrado, ya que escribir de esa forma, entremezclando elementos de la vida real con la ficción en un linea tan delgada que muchas veces raya la moral, es algo muy dificil de hacer.
Y para este año planea nuevamente hacer los mismo, pero esta vez adentrándose en la gran máquina de las conspiraciones literarias: la masonería. El Símbolo Perdido es el nombre de la quinta apuesta del escritor estadounidense, cuya salida al mercado se espera para el próximo mes de Septiembre y su llegada a los cines para un par de años más, pero desde ya es un hecho que esta novela que transcurre en un lapso de 12 horas y nuevamente con el bueno de Langdon a la cabeza la tendremos en las salas esperando ser un éxito de taquilla al igual que sus predecesoras, ya que los derechos han sido comprados por Columbia.
Espero que el libro este a la altura, que lo leamos y que se generen las mismas discusiones a las que nos han llevado sus dos antiguas “joyitas”. Los fánaticos se deleitarán y los opositores chillarán, pero lo que es seguro es que Brown nuevamente nos trae una novela entretenida, rápida y no exenta de pólemica.
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Hoy empiezan las columnas literarias de Atala, sin mas palabras los dejo con su primer post.
En Plataforma nos encontramos con la historia de Michel, quien es un parisino cuyas creencias y motivaciones podrían resumirse, sin costo alguno, en la siguiente palabra: nada. Se podría decir que Michel es un “perfecto nihilista”. Sin embargo, este aparente estado de perpetua quietud se ve interrumpido por un evento ineludible: la muerte de su padre, el cual tiene lugar al comienzo del libro (es decir, no les he revelado nada vital). Este suceso implica un quiebre en el modus operandi de Michel.
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Esta breve historia se lleva a cabo en la sala de espera de un aeropuerto, donde Jérôme Angust – el aparente protagonista de este relato- se topa casualmente con un hombre llamado Textor Texel, quien, sin previo aviso, comienza a confesarle su vida. Una confesión teñida de asesinatos, violaciones, temores y deseos. Desde un principio Jérôme Angust intenta “hacerse a un lado” y evitar a este invasivo sujeto, pero le es imposible, no puede hacer oídos sordos y, lentamente, comienza a involucrarse en el relato de Textor, el cual se encuentra plagado de intrigas y cabos sueltos.
Sin embargo, al poco tiempo, caemos en cuenta de que este encuentro no tiene nada de casual y que la vida de estos sujetos está íntimamente ligada. Justamente, a eso remite el titulo de este libro. A saber: la palabra cosmética proviene de la palabra cosmos, que a su vez significa “el orden de las cosas” (es la antítesis de caos). Los estilistas lo entendieron a tiempo y se apropiaron de este término (cosmética) para significar el orden de la belleza. Pues bien, esta vez es Amelie Nothomb quien se apropia de ese término para dar cuenta de un orden intrínseco al ser humano, un orden que incluso escapa a su conciencia y que por lo tanto se percibe como ajeno, como una amenaza, como un enemigo.
Así, en esta “ Cosmética del enemigo”, nos adentramos al testimonio de la alienación del sujeto, de aquel sujeto que esta siempre sujeto a un Otro. Esto se grafica nítidamente en los diálogos/enfrentamientos que sostienen Jérôme y Textor, los que comienzan a tomar el tono de un monologo. Como si el Yo y el Otro fuesen una sola voz que se proyecta en diferentes nombres. Como diría Mick Jagger: “Hope you guess my name”.
El último tercio del libro (que tiene tan solo 96 páginas) aborda la resolución de este conflicto que subyace a la base de ambos protagonistas, resolución que acarrea consecuencias irreversibles para ellos. Como bien lo gráfica este refrán popular: “cuidado con lo que quieres, que te puede llegar”. Esta historia no es la excepción.
PD: este libro esta pintado para ser adaptado al teatro.
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