oct 2009 24

literaturajuarroz

Esta semana revisaremos un género distinto dentro de la literatura: la poesía. Para muchos, la poesía es por excelencia el campo donde se despliegan las mociones románticas. Pues bien, esa caricatura del poeta mamón que heredamos del siempre mal ponderado Pablo Neruda no tiene NADA que ver con la obra poética a la cual me referiré hoy: la Poesía Vertical de Roberto Juarroz.

La Poesía Vertical es un compendio de volúmenes correlativamente numerados. En total son 14 y todos los poemas que ahí se contienen cumplen con una serie de patrones que le son comunes. A continuación, algunos de ellos:

No tienen títulos y son deliberadamente abstractos e impersonales.

En ellos el autor prescinde de un Yo lirico, haciendo uso de términos como uno o nosotros, lo cual le confiere un aura de anonimato a su obra.

Prescinde de referencias geográficas o históricas, de localismos verbales, de eurritmia o eufonía, de efusiones sentimentales, de anécdotas, del uso de voces prestigiosas o a priori poéticas.

Típicamente, sus depurados textos tienden a adoptar un modo asertivo, simétricamente estructurado, con significaciones frecuentemente enigmáticas o paradójicas.

Etc…

Podría continuar con una lista interminable de características que hacen única la obra de Roberto Juarroz. Sin embargo, nuestro objetivo no es la caracterización, sino que la comprensión de la obra en cuestión. La Poesía Vertical, como su nombre bien lo indica, hace referencia a un estilo literario que cae por su propio peso, que no requiere de recursos contextuales para situar su voz entorno a una idea o precepto. Una voz que es vertical, que va hacia arriba y hacia abajo en busca de la re significación de las cosas.

La concepción de Poesía Vertical que inauguro Juarroz está llena de sentido, al punto que le permite despojarse de cualquier singularidad, permitiendo que la palabra se despliegué de manera espontanea y elegante en busca de los instantes absolutos.

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nov 2009 07

RIP

Durante esta semana se ha llevado a cabo la 29  Feria Chilena del Libro en La Estación Mapocho. En esta edición han acontecido una serie de hechos, tales como:

- El invitado de honor de este año ha sido Argentina, lo que ha permitido nutrir al evento de letras relativamente más vanguardistas que las presentes en antiguas ediciones (cuando el país invitado era de la zona bananera).

- El autor chileno José Miguel Varas, Premio Nacional de Literatura, presentó la obra “Borges y Neruda en las letras Americanas”, de la intelectual argentina Susana Boéchat.

- El autor Abraham Quezada dio a conocer asimismo su recopilación de “Cartas a Gabriela Mistral”, de Pablo Neruda.

- Gonzalo Rojas, uno de los poetas vivos más importantes de la escena local -galardonado entre otros con el Premio Cervantes de España- ha sido homenajeado por varias personalidades del mundo literato.

Así, podría seguir enumerando una serie de sucesos que se han efectuado durante esta Feria. Sucesos que tienen que ver- mayoritariamente- con homenajes a elefantes blancos que descansan sobre telarañas o con el lanzamiento de algunas  candidaturas por parte de escritores ( como el siempre mal ponderado Hernan Rivera Letelier) para adjudicarse el próximo Premio Nacional de Literatura.

En otras palabras: la Feria parece, mas que nada, una convención de índole política. ¿La cultura dónde quedó? Bueno, si la cultura pudiese quedar en alguna parte, claramente no es en esta Feria. Y esto, para muchos, no es novedad.

Les cuento: a mediados de este año, una serie de pequeñas editoriales que son, precisamente, las casas donde publican los “nuevos” escritores levantaron un reclamo formal: los precios fijados por los organizadores de la Feria para los stands escapaban holgadamente a su presupuesto, lo cual invariablemente les impedía participar del evento. En consecuencia la Feria quedaba a “disposición”- una vez más- de las grandes casas editoriales.

Hago una aclaración: yo no tengo ningún problema con las llamadas grandes Editoriales (es más, soy un cliente cautivo de algunas de ellas), sin embargo el tema pasa por otra parte. La Feria fue creada, en un principio, para que aquellas editoriales que no podían hacer acto de presencia en las librerías ( hogar dulce hogar de las grandes Editoriales) pudiesen contar con un espacio que sirviese de plataforma para dar a conocer sus publicaciones y, por ende, la pluma de nuevos autores latinoamericanos.

Los hechos son categóricos: la Feria no cumple con su objetivo. Todo lo contrario, más bien parece un museo.

Debido a todo lo anterior, ya hay un numero importante de “pequeñas editoriales” que están uniendo fuerzas para crear otra Feria, donde el requisito sea uno solo: la novedad.

Así que ya saben, si el próximo año descubren un nuevo autor, posiblemente sea en la “otra feria”.

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nov 2009 21

laconjura

¨Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él.

Johnathan Swift

“La Conjura De Los Necios” es una sorprendente novela teñida con un humor mordaz y punzante, el cual garantiza un sinfín de pirotécnicas carcajadas. A su vez, este libro también presenta pasajes que provocan olas de angustia inconmensurables. Es esta exquisita combinación la que convierte a la Conjura de los Necios en una autentica tragicomedia en la tradición de Cervantes y Fielding.

Este vendaval de disparates es protagonizado  por el inconfundible e inigualable Ignatius Reilly, quien es, probablemente, uno de los mejores personajes jamás creados y al que muchos no dudan en comparar con el Quijote. Incluso, en Ignatius es posible reconocer al legitimo padre (¨a su imagen y semejanza¨) de Homero Simpson.

Así, nos encontramos ante el antiprotagonista perfecto para una novela repleta de excelentes personajes, situados en la portuaria ciudad de Nueva Orleans, magistralmente definidos y que suponen el contrapunto exacto al gran Ignatius. Él es un incomprendido, una persona de treinta y pocos años que vive en la casa de su madre y que lucha por lograr un mundo mejor desde el interior de su habitación. Pero cruelmente se verá arrastrado a vagar por las calles de Nueva Orleans en busca de trabajo, obligado a adentrarse en la sociedad, con la que mantiene una relación de repulsión mutua, para poder sufragar los gastos causados por su madre en un accidente de coche mientras conducía ebria.

El autor, John K. Toole, consigue una crítica mordaz de una sociedad americana basada en la decadente clase media. Logra mantener el interés del lector (incluso mayor en una segunda lectura que en la primera) con un abanico de personajes a cuál más desagradable. No deja títere con cabeza y, a través de la tortuosa y enrevesada personalidad de Ignatius, da un repaso a la época que le tocó vivir en un tono de burla que contrasta con la triste visión de las vidas de los personajes retratados.

En este libro- una autentica joyita- no encontramos únicamente una loca y angustiosa historia de crítica social, sino que el argumento engancha desde el comienzo. Momento en el que, como dice su protagonista, Fortuna hace girar su rueda hacia abajo y nunca sabemos cual es la desagradable sorpresa que nos depara el destino. A partir de aquí, unas situaciones enganchan con otras, al igual que lo van haciendo los personajes, y se va formando una enorme bola de nieve que terminará estallando al final de la novela.

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dic 2009 19

madame_bovary_shot1

Este libro inaugura, con todas sus letras,  la narrativa moderna. En esta obra Gustave Flaubert da cuerpo a una historia inolvidable, nutrida de personajes que han sido- hasta el día de hoy- reutilizados por autores de segundo orden.

MADAME BOVARY es una novela entrañable, con una argumentación que se desarrolla lentamente, urdiendo una enredadera de situaciones y conflictos, donde se entrecruzan los deseos y temores de sus protagonistas, los que confluyen en un conflicto del que pocos saldrán ilesos (incluido el lector).

Esta monumental obra esta relatada en tercera persona y el detalle de cada escena elevaron a MADAME BOVARY a la categoría de madre superiora del realismo. MADAME BOVARY, es sin duda alguna, la novela más importante de éste movimiento. Además de ser una de las selecciones literarias por excelencia en el género del llamado romanticismo tardío, MADAME BOVARY, constituye uno de los puntos de referencia, incluso, para la entrada del realismo dentro del ámbito de la filosofía.

En tres partes, con una increíble agudeza literaria, Gustave Flaubert nos muestra su punto de vista sobre la vida de la sociedad de alto rango en la Francia del temprano siglo XIX. Sobre el contenido mismo de la obra, me reusare a referirme, ya que no quisiera adelantar ninguno de sus sabrosos detalles. Solo puedo decirles, con mucha humildad, de que es la historia mas magnifica que, hasta ahora, he leído (sin perjuicio de que aún me queda muchisisimo por leer).

En el momento de su publicación, 1857, MADAME BOVARY genero una gran controversia por su contenido (el adulterio femenino era tema tabú por esos tiempos), sin embargo eso no impidió el inmediato reconocimiento por parte de la critica y los lectores de esa época.

A mi juicio, hoy por hoy, sería una controversia no leer esta obra.

PD: Ante la insistencia de la gente por saber quien había inspirado a la inigualable protagonista de su obra, Gustave Flaubert no hallo nada mejor que salir del paso con una respuesta que quedo inmortalizada hasta el día de hoy: “Madame Bovary soy yo”.

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ene 2010 16

Michael Foucault es, sin lugar a dudas, uno de los filósofos más importantes el siglo pasado. Autor de numerosas obras- unas más complejas que otras- se hizo de un nombre y reconocimiento que no ha cesado, a pesar de su temprana muerte a causa del sida.

“La Historia de la sexualidad” debe ser uno de sus libros más ambiciosos, a la vez que es uno de los más sencillos de leer. Escrito “para todos”, sin hacer uso de un lenguaje técnico- filosófico, el autor hace una revisión de la historia del hombre en torno a una de sus prácticas más enigmáticas: el sexo.

El siglo XVII es sindicado por los historiadores como el comienzo de una edad de represión, propia de las llamadas sociedades burguesas. A partir de ese momento, nombrar la palabra “sexo” se habría tornado más difícil y costoso. Es en este período donde se sitúa la aparición del termino CENSURA.

Sin embargo, Foucault, desmarcándose del consenso grueso, plantea todo lo contrario: “¿Censura respecto al sexo? Más bien, se construyó un artefacto para producir discursos sobre el sexo, siempre más discursos, susceptibles de funcionar y surtir efecto en su economía misma”.

Muchos ámbitos que entraron en actividad, a partir del siglo XVII (psiquiatría, medicina, pedagogía, justicia, etc.), irradiaron discursos alrededor del sexo, intensificando la conciencia de un peligro incesante que a su vez reactivaba la incitación a hablar de él.

¿Cómo fue que el sexo- aparentemente una cuestión relativa al ámbito de las sensaciones y el placer- pasó a ser una cuestión de verdad y falsedad?

Micheal Foucault, en su Historia de la Sexualidad, identifica un dispositivo que opera de manera gravitante en esta objetivización del sexo en discursos racionales: la confesión. “Desde la Edad Media, las sociedades occidentales colocaron la confesión entre los rituales mayores de los cuales se espera la producción de la verdad. No hay que olvidar que la pastoral cristiana, al hacer del sexo, por excelencia, lo que debe ser confesado, lo presentó siempre como un enigma inquietante […] lo propio de las sociedades modernas no es que hayan obligado al sexo a permanecer en la sombra, sino que ellas se hayan volcado a hablar de sexo siempre, haciéndolo valer, poniéndolo de relieve como el secreto”.

Es decir, cada sujeto es puesto a narrar todo lo relacionado con su propio sexo, ya sean pensamientos, palabras, obras u omisiones. Y continua:  El hombre, en Occidente, ha llegado a ser un animal de confesión […] la obligación de confesar esta tan profundamente incorporada a nosotros, que ya no la percibimos como el efecto de un poder que nos constriñe; al contrario, nos parece que la verdad, en lo más secreto de nosotros mismos, sólo pide salir a la luz”.

Pues bien, durante el siglo XIX la confesión fue desplazada hacia el campo científico, adhiriéndose a su discurso, como un instrumento de suma utilidad investigativa. En ese terreno la ciencia de carácter biologicista se afanó en identificar (focalizando), recopilar (clasificando) y segmentar (etiquetando) un sin número de información. Todo aquello que pudiera dar cuenta acerca de ese preciado objeto- sexo- debía extrapolarse al campo de la razón. “Quizá ningún otro tipo de sociedad acumulo jamás, y en una historia relativamente tan corta, semejante cantidad de discursos sobre el sexo”.

Sin duda, esta predisposición a saber acerca del sexo traía aparejado un deseo de saber acerca de esa verdad que se le adjudicaba. Y es esa búsqueda de “una verdad” la que ha situado al hombre occidental- desde hace tres siglos- apegado a la tarea de decirlo todo sobre “su sexo”.

PD: “La Historia de la Sexualidad” consta de tres tomos. En esta ocasión, nos hemos referido al primer tomo, “La voluntad de saber”.


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